El principio de todo

Pocas veces he hablado sobre las razones que me llevaron a iniciar la educación en casa y sin escuela con mi único hijo, quizá porque el inicio de todo fue doloroso, principalmente porque mi hijo fue dañado física y emocionalmente; pero también porque tuve que enfrentarme al cambio de todo aquello que había sido mi base de vida durante muchos años.

Un domingo, llegando del trabajo

Pero vamos al inicio, todo empezó cuando mi chaparro estaba cursando su primer año de escuela primaria. Le había buscado una escuela privada, que trabajaba con grupos de 10 niños para una mejor atención, bilingüe, enseñaban matemáticas con el método Singapur, letra cursiva y de molde desde el inicio, formación en valores, clases extra de diversos deportes, de música, en fin, de las mejores escuelas que, en aquel entonces, podía pagar. Y mi niño hermoso respondió desde el inicio con excelentes calificaciones y destacándose en todo, pero…

Ese pero que siempre hace que lo maravilloso no lo sea tanto. Los cambios comenzaron paulatinamente, primero mi hijo quiso regresar a dormir conmigo, luego se presentaron los terrores nocturnos, después comenzó a no querer ir a la escuela, y además los reportes, uno tras otro: “No se calla… no se está quieto… contradice… cree saber más que el maestro… no obedece…” Su libreta de tareas y mensajes estaba llena de reportes, cada vez que lo iba a recoger la maestra me esperaba con una queja. Sin embargo, pensé que era cuestión de que se fuera adaptando a su nueva escuela. Me hice creer que los terrores nocturnos y su deseo de colechar (cuando el mismo había decidido irse a dormir solo) eran solo fases adaptativas.

Y sin embargo, algo me hacía ruido muy adentro, pero lo acallaba diciéndome: No lo sobreprotejas, tiene que aprender a defenderse en el mundo, tiene que aprender a ser fuerte, tiene que aprender disciplina, no siempre vas a estar a su lado, tiene que…

Todos esos pensamientos que nos agobian duramente porque es lo que nos han enseñado por años y años.

Hasta que el hilo reventó por lo más delgado. Recuerdo que veníamos de la escuela, era un día especialmente caluroso, el sol caía a plomo y por eso decidí regresarme por Briones, una carretera llena de vegetación y árboles que es mucho más fresca que la pista. Solo que también es más peligrosa, porque está llena de curvas y algunos desfiladeros. En una de esas curvas, bajo la sombra de los árboles que juguetaban con el sol sobre mi automóvil, mi chaparro me dijo: “Mamá ¿es cierto que los niños tenemos que besarle la vagina a las niñas?”

Cuando lo escuché no supe cómo seguí controlando el coche y no nos fuimos por el desfiladero. Con toda la calma que fui capaz de reunir le dije ¿Dónde viste eso amor? Y me contestó: en la escuela.

Ahí fue cuando busqué dónde estacionarme porque por mi mente desfilaban todos sus comportamientos raros mezclados con imágenes de abuso infantil. Una vez que me estacioné donde pude, me giré sobre el asiento y con voz lo más calmada le dije: En la escuela, ¡Oh vaya! ¿Pero dónde amor? ¿Con algún amiguito?. Procedió a explicarme que todo lo había visto en la tableta de uno de sus compañeritos. Que el niño en cuestión siempre les enseñaba a todos videos pornográficos y que si ellos no querían verlos él niño los obligaba, les pegaba o los lastimaba de alguna manera para que los vieran y les decía que todo eso era algo que tendrían que hacer. ¡Obviamente que tomé cartas en el asunto! Avisé a la escuela, hablé con la maestra, con la directora, con el dueño, hasta con los padres de familia. Moví cielo, mar y tierra, porque mi niño hermoso estaba siendo lastimado seriamente.

Nadie hizo nada.

Viéndolo en retrospectiva, aún no sé porqué no saqué a mi hijo en ese mismo instante de la escuela, quizá el condicionamiento que todos traemos, quizá que no sabía qué hacer. Mientras estaba tratando de resolver el problema acudiendo a las autoridades escolares, mi hijo seguía recibiendo bullying en la escuela por parte de su amiguitos y maltrato por parte de sus profesores que no eran capaces de ver que sus actitudes no eran de un niño problema, sino de un niño EN problemas, que tenía miedo y buscaba llamar la atención para ser auxiliado. Y ere acoso terminó por minar su salud y lo mandó a un hospital.

Ahí fue cuando todo se quebró, ahí comencé a buscar alternativas, porque me quedó claro que la escuela no era el camino. Ninguna escuela, porque si eso pasaba en un colegio con un docente por cada 10 pequeños, no quería imaginarme lo que pasaría donde había un docente por cada 30 o más alumnos. Comencé a buscar opciones mientras mi salud también colapsaba. Después de Sacha, fui yo quien estuvo canalizada y luego en recuperación. Mi esposo, a pesar de todo, creía que cambiándolo de escuela se solucionaría el problema y, además, era partidario de una pública. Quise darle el beneficio de la duda y hablé con varias docentes amigas mías. Todas me dijeron lo mismo con diferentes palabras, pero la idea central era igual: un niño como el tuyo es carne de cañón en escuelas como las nuestras.

Mi hijo estaba en casa por el tratamiento médico que estaba recibiendo, yo estaba en casa por la misma razón, mi esposo, viendo el panorama me dijo: así no viejita, si la salud es el precio, busquemos otras opciones.

Y eso hice, ya antes había escuchado del homeschooling y hasta había coqueteado con la idea, pero me parecía algo demasiado raro, con mucha incertidumbre, sin garantías, sin método establecido… ¡una locura!

Pues me volví loca, me puse a investigar, a comprender, busqué grupos, páginas, platiqué con personas, leí las leyes. Lejos de sentirme segura cuando tomé la decisión, me sentía totalmente aterrada ¿y si fracasaba? ¿Y si volvía a mi hijo un vago? ¿Y si arruinaba su futuro? Y entonces volvía a mi mente su imagen en la cama del hospital, anestesiado para un procedimiento invasivo, con el peligro de tener que ser operado para retirarle una parte de su intestino. ¿Cuál futuro?

Me lancé al vacío y desde entonces aquí vamos, volando o cayendo con estilo, como ustedes quieran verlo, pero felices, sanos, unidos y, lo más importante, con ese brillo en los ojos de quien vive enamorado de su vida.

3 comentarios en “El principio de todo”

  1. Y ese o muchos peores son los casos de pequeñitos. Yo puedo ver la repercusión en mis hermanos de lo que “otros en la escuela pueden hacer”.
    Que bello que ahora tu hijo sea un chico sano, feliz y libre.
    Bendiciones ?

    1. Desgraciadamente muchas escuelas no son lugares seguros, a pesar de que sus maestros hagan esfuerzos titánicos porque lo sean. Hay que recordar que mucho viene desde casa. Lo que quisiera es que todos los niños y las niñas tuvieran la oportunidad de vivir y aprender donde sean más libres, más felices y estén en paz.

  2. Hola Martha. Tu historia fue algo similar que yo viví pero a la inversa, yo era maestra novata en un prescolar particular con esas características (marketing) tuve muy mala experiencia con un niño en cuestión que era un mini psicópata, perdón por expresarme así pero así se comportaba, muy precoz, narcisista, agresivo, misógino y racista también. Desde el día cero se empeño en sabotear mi clase y alterando el orden de la misma. El niño ya venía de una dinámica familiar disfuncional, papá alcohólico y agresivo y mamá permisiva, maltratada. Siempre manifesté lo que sucedía y también informaba sobre comportamientos extraños. Pedí ayuda para saber cómo podía llevar la situación o que me dieran retroalimentación. Me sentí atada de manos porque su papá también era maestro del mismo Colegio pero en otra sección (Con no muy buena reputación por cierto). No hubo seguimiento y la situación ya era un caos al grado de estar de por medio mi salud no solo por eso, sino por la tremenda exigencia y presión para complacer a los padres y dueños a pesar de situaciones las cuales en lugar de ser atendidas se maquillan o pasan de largo. Decidí abandonar el curso a medio ciclo sin remordimiento. Es muy triste y decepcionante que haya pequeños así maltratadores y maltratados. No lo concibo ni tampoco me gustaría que mis pequeñas pasen por algo así en una escuela. Afortunadamente en tu caso tu decisión fue muy acertada. En hora buena.

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