La crianza respetuosa como base de la ECSE

Uno de los pilares en mi proceso de Educación en Casa y Sin Escuela ha sido, es y será la crianza respetuosa. Y esto no es porque sea parte de un check list o de un starter pack; sino porque es congruente con aquello que pretendo lograr con mi hijo.

Cuando inicié a educar en casa y sin escuela comprendí, después de leer mucho y de observar mucho a mi hijo, que debía respetar su ser, su ser niño, su ser persona, su ser él mismo. Este respeto no puede existir fragmentado, es decir, no puedo decir, respeto su ritmo de aprendizaje, pero no respeto sus formas de desbordamiento emocional (mal llamados berrinches). Tampoco puedo hablar de darle la oportunidad de desarrollar su potencial, cuando no estoy dispuesta a respetar sus gustos e intereses y quiero forzarlo a estudiar o aprender lo que yo quiero.

Fue entonces que me di cuenta, si quiero educar diferente tengo que criar diferente.

La crianza es la base de todo.

Si bien, desde que Sacha nació comencé a aprender y practicar la crianza respetuosa, tengo que reconocer que fue un proceso que se vio favorecido cuando, además, lo saqué de la escuela. Y es que la crianza respetuosa necesita tiempo, pero tiempo de verdad, no los famosos “cinco minutos, pero de calidad”, sino el día a día completo. Mi disponibilidad total.

Ahora bien, el ser una madre disponible no implica dejar de tener tiempo para mí, sino el aprender que cuando un hijo te necesita, debes responder sensiblemente, acompañar, estar ahí, ser madre presente. Porque otra cosa que aprendí es que estar, realmente estar, no significa compartir un espacio físico; muchas veces las madres están todo el día con los hijos, pero sin realmente estar con ellos.

Un ejemplo: ahorita en pandemia, muchas familias se dieron cuenta que no sabían estar juntos, y comenzaron a compartir casa, pero sin convivir realmente. Los niños aislados en sus cuartos con aparatos electrónicos, la madre aislada en sus quehaceres domésticos o en su trabajo en línea, el padre aislado en su trabajo y en el celular. Sin comunicarse, sin atenderse, sin observarse, sin escucharse… eso NO es estar.

La disponibilidad implica el involucramiento. Una madre o un padre está presente cuando se involucra. Por ejemplo: Sacha ama jugar videojuegos y puede pasar horas en ellos. Se lo permito sin problema mientras me dedico a mi trabajo. Sin embargo, cada cierto tiempo voy a su cuarto, lo abrazo, le pregunto ¿todo bien? O ¿qué juegas? O ¿con quién hablas? De la misma manera cada cierto tiempo él viene y me abraza, me dice ¿cómo vas? Si lo oigo gritar dejo lo que estoy haciendo y voy a ver qué sucede, a veces solo grita de emoción porque ganó una partida, pero otras veces está enojado, entonces me quedo a su lado para ayudarlo a regular su emoción, no importa que mi trabajo esté a medias. De pronto estoy ocupada escribiendo o haciendo algo y él viene: mamá necesito platicarte; entonces interrumpo lo que estoy haciendo, me vuelvo hacia él, le miro a los ojos y le digo: te escucho. Y no importa si lo que me tiene que decir es sobre videojuegos o sobre una película o sobre lo que acaba de ver en un video, si es importante para él, lo es para mí. Eso es estar disponible, eso es compartir el tiempo, eso es involucrarse, aunque cada uno esté en su espacio o en sus ocupaciones.

Ahora bien, la disponibilidad y el involucramiento son diferentes en cada edad de nuestros hijos, entre más pequeños son, mayor necesidad tienen de nosotros. Un bebé de brazos requerirá de su madre mucho más tiempo de contacto, para ellos los brazos de mamá (o de papá si es su cuidador principal) son fuente de seguridad y contención. No siempre podemos estarlos cargando, pero por eso está el porteo, que nos permite traer a nuestros bodoques pegados a nosotros mientras hacemos otras cosas. Aquí lo importante no es cómo cargues a tu bebé, sino que el contacto le trasmita amor, paz, regulación emocional y todo aquello que promueve el vínculo afectivo.

Conforme van creciendo, esta vinculación cambia.

Los hitos en el desarrollo traen consigo nuevas formas de relación en el binomio madre-hijo. La comunicación verbal y no verbal se vuelve muy importante. La contención ya no solo aparece en brazos de mamá, sino también a través de lo que les decimos y de cómo nos comportamos con ellos.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la educación en casa y sin escuela?

Pues justamente que el aprendizaje surge más fácilmente en un cerebro conectado afectivamente con su cuidador principal (mamá o papá), que está en calma, que tiene apoyo para regular su emoción, que es respetado y escuchado.

Cuando ponemos a la crianza respetuosa de base, pero a la de verdad, tenemos todas las herramientas que necesitamos para educar en casa y sin escuela de una forma más fluida, más amable, menos estresante.

Si quieres saber más sobre crianza respetuosa te recomiendo:

  1. La serie de ebooks sobre crianza respetuosa de Kabil que puedes adquirir aquí.
  2. El libro Cero Golpes de Gaudencio Rodríguez que puedes comprar aquí.
  3. La página de Psicoeducar de Machy Guerrero que puedes seguir aquí.
  4. La cuenta de Fundación América por la Infancia que puedes seguir por Facebook o por Instagram.

2 comentarios en “La crianza respetuosa como base de la ECSE”

  1. Samara Velázquez

    Excelente, ame la forma tan clara y precisa del tema, me encanto! Gracias por ayudarme y seguir aprendido de usted.

    Por último, los libros que mencionas como los consigo en tu página?

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