santa claus, gifts, red-2927962.jpg

Las mentiras que importan

Se acerca diciembre y con ello viene una disputa de larga data en las redes sociales: ¿Santa Claus (o los Reyes Magos) deben existir o no existir en la vida de nuestros hijos?

Hay mamás que dicen que no, que hacer creer a nuestros hijos en estos personajes fantásticos equivale a mentirles y que eso es terrible, que no van a educar en la mentira, que para ellas la verdad es lo más importante y que es mejor decirle la verdad a nuestros hijos.

Hay otras mamás que defienden a capa y espada la ilusión que estos personajes generan en los niños, la felicidad al ver sus juguetes, el mundo fantástico que pueden crear alrededor de ellos. Para estas mamás la magia de la Navidad radica en construir delicadamente una fantasía hermosa que sus hijos recuerden a lo largo de su vida.

¿Quién tiene la razón?

Bueno, sinceramente creo que cada mamá y papá puede decidir cómo educar a sus hijos e hijas, siempre y cuando no les cause daño físico, emocional o psicológico.

La verdad es que este post no intenta darle la razón a un bando o al otro. Más bien desea mostrar algunos puntos importantes en estos argumentos y hablar sobre las mentiras que importan. Y cuando digo esto me refiero a aquellas que lastiman.

Vamos a empezar por el principio.

Punto número uno: es imposible vivir en este mundo sin decir una sola mentira. De verdad, inténtenlo un día. Digan absoluta y totalmente la verdad desnuda, puede ser asertivamente, pero sin mentir. Así, si su mejor amiga les pregunta ¿cómo me veo? Sean sinceras y delicadas aunque se vea fatal. Es decir, quizá no le digan: te ves horrible; pero la verdad es que se ve mal y hay que hablar con la verdad ¿no?

¿En verdad lo van a hacer?

Sinceramente, no podría.

Para mí sería terrible decirle a alguien que aprecio y quiero que se ve mal o terrible o que tiene mal gusto. En su lugar usaría una mentira social, algo como: te ves hermosa amiga, pero oye, creo que el rojo te sienta mejor. ¿Por qué lo hago? Porque no quiero herirla, es mi amiga.

Mentiras como éstas las decimos todo el tiempo y, la verdad, es que gracias a ellas podemos vivir en armonía con los demás.

Decir solo la verdad, todo el tiempo, a todas las personas, terminaría siendo contraproducente. No ayudaría a nadie.

¿Entonces estás diciendo que hay que mentir?

No, para nada.

Más bien creo que lo que hay que hacer es comenzar a darnos cuenta que ni la mentira es tan mala, ni la verdad tan pura y buena como nos han hecho creer.

Punto número dos: la vida tiene matices. Efectivamente, dividir el mundo en bueno y malo nos va a meter en problemas tarde o temprano, porque nada es tan simple; la realidad es compleja, tomar decisiones es complejo, entre más temprano entendamos (y les mostremos a nuestros hijos) que la vida no solo es blanca y negra, sino de colores, más rápido podrán ellos desarrollar herramientas sociales efectivas.

Esto de aprender que la vida tiene matices también nos va a impedir juzgar a la ligera.

Señalar, condenar o prohibir sin tener todos los argumentos e información posible nos vuelve injustos y poco empáticos.

De allí que algo que siempre pido en estas fechas es que, sea que hablen a sus hijos sobre Santa o sea que no, por favor, no juzguen a las otras mamás. Ustedes no saben por qué hacen lo que hacen, sus motivaciones, razones, traumas, historia, deseos… por eso no podemos decir si está bien o mal.

Punto número tres: hay una enorme diferencia entre mentira y fantasía. Bonnet explica que la mentira es la alteración consciente, deliberada, voluntaria, de la verdad y provista o no de interés o de probables beneficios. Su motivo puede residir en el temor a una sanción, en el ocultamiento de una falta, en el poder sugestivo de terceros o en el deseo de emulación o de lucimiento.

En cambio, el mismo autor señala que la fantasía es la condición creadora del pensamiento. Es capaz de modificar hechos reales o crear situaciones totalmente ficticias que solo existen en la mente del individuo.

Entonces, es muy diferente mentirles a nuestros hijos, como cuando les decimos: te prometo que mañana sí juego contigo, pero ese “mañana” nunca llega; a cuando creamos fantasías para ellos como Santa o los Reyes, o el Hada de los Dientes. En el primer caso, estamos causando un daño, quizá inconscientemente, al poner una excusa que repetiremos infinitamente para evitar jugar con nuestros hijos, en lugar de ser sinceros con ellos.

Esa mentira sí importa.

Importa porque daña a nuestros hijos.

Y aquí viene lo más importante de este post, que muchas veces nos preocupamos por crear fantasías en nuestros hijos, pensado que eso les hará daño; pero no ponemos atención a la cantidad de mentiras que les decimos solo para que nos dejen en paz o para que nos cubran en algo o para, simplemente, salirnos con la nuestra.

Sé que muchas mamás me van a decir: yo nunca le miento a mi hijo.

Pero, perdón, eso no lo creo.

Toda madre humana, falible y real ha mentido alguna vez, lo más seguro es que sin querer, a sus hijos, porque la mentira es parte de la naturaleza humana. Y no siempre somos conscientes de que mentimos o cuánto mentimos o en qué momentos lo hacemos.

Y eso no nos convierte en monstruos o en malas madres, solo en humanas.

Concluyendo.

En lo personal, creo que si como madre (o padre) decides crear una fantasía para tus hijos con algún personaje ficticio y mitológico como Santa; o decides explicarles que Santa no existe y que son mentiras inventadas por las personas para vender muchos juguetes en Navidad… está bien. Realmente, el problema no es si lo haces o no lo haces. El verdadero problema es cómo y por qué lo haces.

¡Oh sí! Las motivaciones y las formas pueden hacer daño más que el hecho mismo de hacer que tus hijos crean en Santa.

Una creencia inocente y hermosa, que en lo personal adoro de estas fechas que vienen, puede convertirse en un instrumento de control e imposición con el clásico: si no te portas bien Santa no te va a traer nada, eso es una práctica conductista que no ayuda en nada para criar hijos e hijas sanos emocionalmente, maduros y conscientes.

Esa forma no es adecuada, aunque entiendo que es la más común. Porque enseña que solo debes portarte bien cuando hay una recompensa, que si haces lo que los demás quieren obtendrás premios, y que el amor de tus padres (o de Santa) se condiciona a ser “bueno”.

Y esa forma trae motivaciones que tampoco son muy acertadas, porque esconden ese deseo de controlar la conducta de nuestros hijos para que hagan lo que “yo digo, cuando yo lo digo”. Ahí sigue escondiéndose la crianza violenta, impositiva y poco respetuosa.

¿Entonces le digo que existe Santa o no?

Pues eso lo decides tú; pero si decides no fomentar esa fantasía y decirles que son mentiras, solo recuerda enseñarles también empatía, que hay niños y niñas que creen y que no es justo que les vengan a arrancar esa creencia solo porque ustedes han decidido enseñar otra cosa. Asegúrate también de que dices la verdad en todo momento, bajo toda circunstancia. Cuídate sobre todo de las mentiras que importan, esas que minarán la confianza de tus hijos en ti. Mantente congruente y abstente de juzgar a quienes piensan diferente a ti, porque el juicio conlleva la mentira más grande que podemos decirnos: “yo tengo la verdad absoluta”.

Ahora que si decides crear magia y fantasía en la vida de tus hijos, hazlo por las razones correctas. Hazlo porque quieres formar en ellos recuerdos memorables para el resto de sus vidas, porque quieres darles un momento de calidez y fortaleza que les servirá en los momentos aciagos de su vida, porque deseas verlos sonreír con ese desparpajo que da la felicidad, porque quieres crear lazos familiares.

Y hazlo sin condicionar nada. Santa, la esencia de lo que es Santa (o los Reyes) está en el dar sin esperar recibir nada a cambio. Es el dar por el gusto de ver felices a quienes reciben, dar porque sí, porque puedo, porque quiero, porque me nace, sin importar que tan “bueno” o que tan “malo” has sido. Dar sin juzgar.

Y también sé congruente, enseña a tus hijos empatía y recuérdales que puede haber personas que piensen diferente y que eso está bien. Crean sin necesidad de enjuiciar al que no lo hace.

1 comentario en “Las mentiras que importan”

  1. Me encantó tu reflexión Martha! y me has ayudado a tomar una decisión y a no seguirme sintiendo una mala madre. Mil gracias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.