La culpa es inevitable

Me encanta seguir páginas en redes, veo post, opiniones, reflexiones, algunas me cuadran otras no. Generalmente sigo de largo, no me engancho, pero sí me quedo pensando. Leer tantas cosas me ayuda a observarme como madre, como mujer, como persona, y luego me llegan las preguntas:

“Esto que está diciendo fulano o fulana como si fuera la verdad absoluta ¿a cuántas mujeres les está generando culpa?” “¿Cuántas más se están sintiendo como si fueran las mejores madres del mundo y van por ahí como si jamás se equivocaran?” “¿Y yo? ¿Soy de las culpadas o de las culpables? ¿Estoy juzgando a las mamás que lo hacen distinto?” “Si jamás juzgo ¿Entonces cómo discierno?”

Y así hasta el infinito porque mi superpoder es sobrepensar todas las opciones posibles mientras estoy despierta y luego cuando estoy dormida. Por eso me agoto. Pero volvamos al punto, porque en este artículo quiero hablar sobre la culpa. Un tema que surgió después de leer en varias páginas: consejos, sentencias y hasta frases culpabilizadoras a raíz del primer día de clases.

Una madre que educó en casa a su único hijo ¿qué puede saber de un primer día de clases? Pues sí sé, por dos razones, recuerdo mis primeros días de clase como si hubiera sido ayer, y siempre está ese hueco en el estómago mezcla de miedo, emoción y estrés; pero también recuerdo la primera vez que dejé a mi hijo en una guardería, porque sí, no siempre estuvo desescolarizado, conoció la guardería y conoció el preescolar.

Y puedo hablar del miedo que se siente, es como quedarse sin oxígeno por un segundo eterno mientras lo ves irse en brazos de alguien extraño, en un lugar que no conoce, lejos de los brazos protectores de mamá. ¿Es normal esto? El miedo sí, la separación no. La verdad es que la separación a temprana edad no es normal, es un problema del sistema económico en el que vivimos que nos obliga a trabajar sin descanso, porque mi hijo conoció guardería porque mamá tenía que trabajar y papá también.

Solo duró una semana ahí, no pude más, lo saqué, me fui a casa, fueron varios factores, pero el principal fui yo. No quería estar separada de mi hijo cuando mi instinto me gritaba que necesitábamos estar juntos, que todavía era poco tiempo. Nunca he tenido el privilegio de poder vivir sin trabajar (aunque hay gente que cree que tengo para vivir sin preocuparme), pertenezco al gran porcentaje de población que si deja de producir termina en la indigencia.

Entonces dejé de ir a una oficina, pero seguí trabajando, como no tenía muchas opciones hice lo primero que me pareció práctico: me puse a vender comida para tener tiempo de criar a mi hijo como yo quería, conmigo, en brazos, con atención plena.

¿Hice mal? ¿Hice mal por no querer ver a mi hijo llorar?

Por ahí leí una frase de que el hijo va a llorar al dejarlo en la escuela, pero no se va a traumar. Que simplificación tan obtusa para una realidad tan compleja. Y luego en los comentarios remataban diciendo que total los niños a todo se adaptan.

¿No les suena al mismo argumento de todas esas personas que dicen que si lo cargas mucho se va a malcriar? ¿Esos que dicen que lo dejes llorar, total se acostumbra? Lo curioso es que muchos que opinan que podemos dejar a nuestro bebé llorando en la guardería o en el kínder porque ya se acostumbrará, son los mismos que dicen que no lo dejemos llorar en la cuna porque el bebé no se acostumbra, se rinde y eso daña su cerebro y es maltrato. Bueno, pues lo mismo, señores, lo mismo pasa con la guardería y el preescolar.

¿Entonces hice bien al llevarme a mi niño conmigo y todas las mamás que lo dejan en guardería hacen mal?

No es tan fácil.

Porque la verdad es que cada mamá vive una realidad diferente que va a determinar si puede o no llevarse a su peque a casa; la verdad, también, es que cada niño y niña vive la separación de distintas maneras, algunos no se traumarán, pero otros sí y será un trauma invisible, porque no es manifiesto, pero estará ahí. Y eso depende de un montón de factores como: el vínculo que se siga manteniendo con mamá y papá después de estar en guardería, las personas que cuidan en la guardería (hay algunas muy amorosas), el tiempo que pase ahí, el cómo sea tratada o tratado después, el entorno, los demás peques, en fin, de verdad son demasiados factores por tomar en cuenta, pero de que deja huella, la deja.

Y ahora sí que no lo digo yo, porque sé que muchos me ven con la condescendencia de una “simple madre y ama de casa”, pero esta simple mujer tiene los fundamentos teóricos bien puestos. Y les voy a tumbar ese mito de que los peques que van a la escuela se desarrollan mejor, solo porque van a la escuela; pero también el mito de que los que se educan en casa se desarrollan mejor, solo porque se educan en casa.

Lo siento, ambas afirmaciones son mentira.

Los estudios han demostrado que el impacto positivo de la asistencia a centros de cuidado infantil no es estadísticamente significativo y que, de hecho, si esa asistencia se da en edades menores de los 40 meses (menores de 3 años) en realidad el efecto es negativo, Katzkowicz y Querejeta (2020) destacan que

“el impacto en motricidad gruesa empeora cuanto mayor es la intensidad de asistencia para los menores de 40 meses” (p. 210)

…aunque resulta positivo para edades mayores, siempre y cuando no sea mucho tiempo porque a mayor tiempo en horas de asistencia menos efectos benéficos se presentan. Pero no solo eso, el mismo estudio encontró que si bien existe un efecto positivo (aunque no significativo) en el desarrollo socioemocional, también hay un efecto negativo en las áreas de comunicación y resolución de problemas, aunque tampoco es significativo (Katzkowicz y Querejeta,2020).

En palabras llanas, para los bebés de menos de 3 años lo mejor es estar con sus cuidadores primarios (madre, padre, abuelas o quienes los estén criando desde que nacieron) porque las guarderías tienen efectos negativos en su desarrollo. Pero los mayores de 3 años (ya hablamos de preescolar) pueden asistir a un centro educativo porque pueden tener efectos positivos en su desarrollo, siempre que no pasen demasiadas horas en la escuela, entre más horas, menos son los efectos positivos.

¿Entonces hice bien?

Pues, les voy a dar el complemento. Resulta que los estudios también demuestran que los efectos negativos o positivos no solo están relacionados con la asistencia o no asistencia a centros escolares o maternales; sino con el entorno familiar en que estos peques se desarrollan.

LA FAMILIA, así con mayúsculas, es un eje fundamental para maximizar o eliminar cualquier efecto que el centro escolar pueda tener sobre el menor, en estas edades (estamos hablando de peques menores de 6 años).

Sin embargo, el aspecto económico también influye, porque entre más carencias económicas tenga la familia, peor será el desarrollo infantil de sus hijos, a menos que puedan compensarlo de alguna manera y esa manera podría ser (solo podría ser) llevarlo a un centro escolar.

Así que como ven, no es tan fácil como decir: “déjalo no pasa nada”. Ni tampoco: “quédatelo en casa que todo estará bien”.

Y a todo esto ¿creen que la culpa se fue cuando lo saqué de la guardería? No, por supuesto que no. Me sentí culpable cuando lo lleve por esa semana, y luego me sentí culpable cuando lo saqué porque sentí que le estaba privando de “experiencias” (que dicho sea de paso él ni se acuerda que fue a guardería) importantes para su vida.

Mi consejo para ustedes: sean honestas con ustedes mismas y observen a sus hijos e hijas, observen su entorno; revisen sus circunstancias de vida en todos sentidos, su red de apoyo, sus ingresos económicos, su relación de pareja; todo influye. Es imposible tener las condiciones ideales en todo momento; pero si vamos a elegir, si vamos a tomar una decisión, busquemos que sea la más adecuada para nuestros hijos e hijas y para nosotras.

  • No eres mala madre por llevar a tus peques a una guardería pues tienes que trabajar.
  • No eres mala madre por quedarte con tus peques en casa y dejar de lado tu profesión.
  • No eres mala madre por llevarlo a una guardería y llorar de tristeza.
  • No eres mala madre por tragarte tus lágrimas y sonreír como si nada pasara.
  • No eres mala madre por mantenerlo en casa todo el tiempo posible en lo que crece.

Hagas lo que hagas, decidas lo que decidas, lo único inevitable es que vas a sentir culpa.

La culpa es inherente a la maternidad.

¿Qué hacer con la culpa? Eso te lo cuento en otro artículo.


Estudio citado: Katzkowic, N. y Quereteja, M. (2020) Efectos de la asistencia temprana a centros de cuidado y educativos en el desarrollo infantil: evidencia para Uruguay. Desarrollo y Sociedad (84), 181-219. https://www.redalyc.org/journal/1691/169162123007/html/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *