Educar en casa y sin escuela ¿es un derecho o un privilegio?

Vaya pregunta, hoy voy a hacer un artículo largo de reflexión, porque la respuesta no es sencilla. Primero vamos a entender qué son los derechos humanos. De acuerdo con Pérez (2004) son

…un conjunto de facultades e instituciones que, en cada momento histórico, concretan las exigencias de la dignidad, la libertad y la igualdad humanas, las cuales deben ser reconocidas positivamente por los ordenamientos jurídicos a nivel nacional e internacional.

Lo anterior significa que para que algo sea considerado derecho humano debe reunir tres condiciones: dignidad, libertad e igualdad. Desde esta perspectiva se comprende el porqué la educación es un derecho humano; hablando de la EDUCACIÓN, en mayúsculas, porque no estamos haciendo alusión a una forma específica de practicarla, sino a la educación como ideal. La educación dota al ser humano de dignidad, libertad e igualdad (o al menos debería hacerlo).

¿Qué es la educación? Bueno, hay muchas definiciones de educación desde un montón de perspectivas. Así que no me detendré en ello, dejaré que seas tú quién definas lo que es educación para ti.

En lo que me quiero centrar es en el hecho de que la educación en casa y sin escuela (y aquí entra el homeschool, el unschool, el flexischool, el worldschool y todos los derivados), es una FORMA de educación, una modalidad, si lo vemos desde el punto de vista de los derechos humanos (en otro post explicaré por qué considero que también es un estilo de vida).

Entonces, si es solo una modalidad de educación, puede ampararse bajo el derecho a la educación, así como se ampara bajo él la educación escolarizada, la abierta, la virtual, etc., pero no puede considerarse un derecho en sí misma. ¿Por qué? Porque no es la única forma de educar y porque no siempre cumple con los tres requisitos que mencioné en párrafos anteriores.

Veamos, la mayoría de las familias que elegimos educar en casa y sin escuela, estamos velando por brindar a nuestros hijos e hijas dignidad, libertad e igualdad; pero no todas las familias lo hacen:

  • Hay familias que no brindan igualdad, porque dan educación en casa a sus hijos, mientras que sus hijas solo son educadas para ser buenas esposas y amas de casa.
  • Hay familias que utilizan una educación en casa basada en una crianza violenta y autoritaria, impositiva, que no da ni dignidad ni libertad a sus hijos e hijas, sino que impone y somete.
  • Hay familias que educan en casa para cumplir sus propias expectativas, sin tomar en cuenta las opiniones de sus hijos e hijas, sin escuchar, ni construir en familia, y eso no es libertad.

¡Ya sé! Me van a decir que muchas familias que educan en la escuela hacen lo mismo, ¿y por eso se justifica que las familias que educan en casa también lo hagan? No lo creo.

Lo que hay que entender es que, al no poder garantizar fehacientemente que todas, TODAS, las familias que educan en casa y sin escuela lo hagan con dignidad, libertad e igualdad, no podemos decir que es un derecho; pero sí podemos decir es una extensión, una forma del derecho a la educación.

Al ser una manera del derecho a la educación queda claro que no todas las familias podrán ejercerla, y eso es algo que siempre he dicho, educar en casa y sin escuela NO es para todas las familias. Hay condiciones estructurales, sociales, económicas, psicológicas, emocionales, familiares, entre otras, que dificultan o facilitan la educación en casa y que, muchas veces, la impiden.

Lo anterior implica que es un privilegio.

Así es, educar en casa y sin escuela es una forma del derecho a la educación, pero vivirla con todas sus bondades es un privilegio que no toda familia puede sostener, aunque quiera, aunque de verdad quiera, porque las desigualdades sociales, culturales y demás pesan, y no dependen de la voluntad de las personas.

Revisemos ¿qué se entiende por privilegio?

De acuerdo con Hopenhayn (2022),

…el concepto de privilegio puede hacer referencia a una posición relativa de un grupo o individuo, siempre ventajosa…

Pero que se puede manifestar en distintas esferas, por ejemplo: quienes pueden incidir en las políticas públicas tienen una forma de privilegio; quienes pueden acceder a una formación de su capital cultural de manera amplia tienen otra forma de privilegio; igual quienes pueden decidir sobre su estilo de vida, negocios, cuerpo, fuentes de financiamiento o tipo de educación, también detentan formas de privilegio.

Justo por eso digo que la educación en casa y sin escuela, aunque es una extensión del derecho a la educación, es, por definición, un privilegio, puesto que para que sea exitosa y se viva como algo positivo se requieren condiciones que no todas las familias tienen.

Ejemplo: una familia donde ambos padres tienen que trabajar todo el día, sin flexibilidad laboral, sin conciliación, sin red de apoyo y que desean educar en casa, pero que eso significaría dejar a sus hijos e hijas solas la mayor parte del día, no van a vivir la educación en casa como algo positivo, e incluso pueden ser denunciados por negligencia si dejan mucho tiempo solos a menores de edad. Para esa familia la escuela no es una opción, es, prácticamente, una imposición social.

Otro ejemplo, madres que no tienen voz ni voto en sus familias, en las que el esposo decide por ellas, y tienen que acatar lo que él diga, entonces, aunque quiera, aunque se informe, aunque tome cursos, no podrá educar en casa, porque no tiene libertad de decisión. Para las mujeres, la libertad de acción y decisión –aunque debería ser un derecho– sigue viviéndose como un privilegio.

Creo que queda claro entonces porqué digo que la educación en casa y sin escuela es un privilegio. Lo que no le quita que, si decidimos este estilo de educación NO estamos violentando el derecho a la educación de nuestros hijos e hijas, simplemente estamos eligiendo otra forma de ejercerlo, una a la que tenemos acceso.

En conclusión, la educación en casa y sin escuela es un privilegio, por lo mismo, si queremos que algún día sea reconocida en México como parte del derecho a la educación (como ya ha sido estudiada por la UNESCO), entonces debemos comenzar a trabajar en encontrar mecanismos para “desprivilegiarla”, y eso es una tarea colectiva que implica cambios de paradigma tanto social como mental como político. Y eso necesita COMUNIDAD.

¿Se podrá?

Solo el tiempo nos dará esa respuesta.


Fuentes consultadas

Hopenhayn, M. (2022) La cultura del privilegio y la igualdad de derechos: antípodas por resolver en las democracias latinoamericanas. El trimestre económico, 89 (353), 257-275.

Pérez, A. (2004) Los derechos fundamentales. 8ª reimp. Tecnos: Madrid.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *