(Serie: Confesiones de una madrecilla de indias)
Creo que a todas las madres nos pasa, nuestra cabeza siempre es un caos, la diferencia es que, algunas veces es creativo y otras rumiante.
La mía ha estado dando vueltas entre un estado y otro, porque ser madre es una incertidumbre constante. Y no es que sea malo, para nada, pero es agotador.
Sucede que la vida es agotadora, pero hay vidas que permiten descansar, reconstruirse, acogerse… y hay otras que son como una constante carrera de obstáculos que cada vez es más difícil sortear, porque la energía no es infinita, porque la edad pesa, porque las oportunidades ya no aparecen tanto como antes, porque los hijos crecen y con ellos los retos también.
Quisiera decirles que es posible respirar, que siempre es posible respirar, pero la verdad es que, a veces, no se puede respirar. No importa lo que digan esas mamás bonitas que tratan de mostrar la maternidad “real”, pero están rodeadas de privilegios de todo tipo.
Cierto que también enfrentan tormentas, cierto que también tienen problemas, cierto que no todo en su vida es maravilloso y perfecto; pero seamos sinceras, cuando tienes lo suficiente para pagar las cuentas sin tener que trabajar extra para llegar a fin de mes, la vida es mucho más sencilla.
Lo sé porque he tenido esas épocas, tiempos en que todo parece fluir, ser sencillo, ser feliz, tiempos en los que el sol brilla sobre nuestras cabezas y el mundo parece un lugar acogedor.
Y luego llegan los otros momentos, en los que no se llega a fin de mes, en los que hay que racionar las sonrisas, en los que respirar duele porque la incertidumbre es tan grande que se traga todo como agujero negro.
¿Tengo privilegios?
Claro que los tengo, menos que unas, más que otras. De cierta manera todas las madres que andamos en estos mundos virtuales tenemos privilegios: computadora, internet, conocimientos para ganarnos el sustento y ganas de aprender -aunque le robemos horas al sueño para hacerlo.
Todas las mamás de la virtualidad tenemos privilegios, algunas más y otras menos.
Los privilegios no extinguen el caos, pero pueden ordenarlo, pueden hacerlo manejable, pueden disminuirlo o convertirlo en impulso creativo.
Y en este momento que mi mente de madre está en caos rumiante, porque insuficiente, porque mala madre, porque menopáusica…
Me pregunto:
¿Qué tanto he sido responsable de aumentar el caos rumiante de las madres que me siguen?
¿Qué tanto contribuyo a difundir esa idea de que todo depende de una?
…organízate, cuida de ti, tú también importas, prioriza tu salud mental, descansa…
Como si todo dependiera de una, como si fuera posible. Cómo me pesa esa parte porque sé que aunque uno quiera no se puede, no siempre se puede. Porque aunque te organices y te cuides y priorices, muchas veces no es suficiente.
Está la otra parte, la social, la de las desigualdades, la de los privilegios, la que te impide no sobrepensar en las cuentas, la casa, los trastes, la comida, la culpa materna, bla, bla, bla, bla.
Y luego recuerdo que también hay otro lado, el de las mamás que agradecen mis lives, mis escritos, esa manera de acoger y hablar y dar calma, que aún no sé de dónde saco.
Y pienso, que eso hacemos muchas madres, estamos hechas un caos mental, pero de alguna manera sacamos calma y paciencia y estructura para nuestras hijas e hijos, para que la casa funcione, para que la vida siga.
Y siguiendo, siguiendo, poco a poco el caos se va ordenando, el sobrepensar se aleja, la calma vuelve, porque todo es cíclico y la maternidad, cuando se educa en casa, es un espiral que envuelve la vida toda.
Hoy he logrado transformar mi caos sobrepensante en caos creativo, quisiera darte la receta para también hacerlo, pero no existe; solo puedo decirte que no estás sola, que todas pasamos por eso, que, después de todo, sí puede respirarse aunque parezca que no, aunque a veces nos ahoguemos; volvemos a respirar, a dar un paso después del otro, a encontrar la sonrisa y la vida.
Un abrazo.

Deja una respuesta